Bárcena Mayor, el mayor de los encantos

Tras una fugaz visita a Salamanca, sigue la interesante ruta hacia el norte español, quedan unos 350 kilómetros para nuestro destino. A medio camino entre Valladolid y Palencia, a su paso por la A-67, se ubica Motel La Pirámide, lugar que nos sirve el desayuno en una soleada y preciosa mañana. Como si de un cartel de bienvenida se tratara, pasando por Mataporquera, comienza a cambiar radicalmente el paisaje (más verde, más fresco), ¡estamos en el sur de Cantabria!

A la altura de la localidad de Requejo abandono la A-67, por la CA-183 cojo dirección Reinosa y en Espinilla tomo el desvío por CA-280, Valles Altos del Nansa y Saja y Alto Campoo (Parque Natural Saja-Besaya) nos recibe. A medida que subo la empinada y peligrosa carretera, esta se hace más estrecha. El día se pone gris: ¿humo?, ¿niebla? No pasa nadie, solo las vacas que andan a sus anchas por medio de esta solitaria y ténebre vía. A los pocos minutos, parece que abre de nuevo el cielo, y aparecen algunas zonas donde poder parar un poco. Sobre la 1 de la tarde primeros pasos en tierra firme tras la larga travesía, aquí Restaurante Mirador Peña Colsa. A tan sólo 12 kilómetros, un lugar de paso recomendado, Bárcena Mayor que nos acoge a las 13,30 horas.

Localidad del municipio de Los Tojos, Bárcena Mayor se encuentra situado en una pequeña vega flanqueada por pequeñas colinas, a 495 metros de altura sobre el valle del Río Argoza. Única población incluida en el Parque Natural Saja-Besaya, cuenta con censo inferior a 100 habitantes. Datado de época entre los S. XVII-XIX, el núcleo dependió de los Duques del Infantado durante siglos. A principios del S. XIX formó su propio Ayuntamiento, integrándose después en Los Tojos. Se dice, que es el pueblo más antiguo de Cantabria.

Se trata de un conjunto homogéneo y bien conservado de arquitectura montañesa, lo que le vale su declaración como Conjunto Histórico Artístico en 1979. En la década de los noventa, el pueblo, se acondiciona para el turismo, lo que le hace perder parte de su personalidad primaria. En esa época se arregla la carretera comarcal que llega hasta el pueblo, se hace un aparcamiento en el exterior de la población (actualmente 2€ por vehículo) y se peatonaliza el casco urbano (“por cierto, un gran acierto”).

Bárcena Mayor es un núcleo de trascendente valor etnográfico, artístico e histórico, permite experimentar in situ las condiciones de vida de tiempos pasados, y la evolución de las construcciones, todo ello, dentro de un maravilloso entorno natural, abundante bosque y corrientes de agua que dan al conjunto extraordinaria belleza.

El trazado urbanístico se organiza en un único barrio de estructura alveolar con una cierta ordenación en calles (dos principales) y plazas, destaca por lo tradicional de su arquitectura. Las viviendas se ordenan en dos hileras, más o menos perpendiculares entre sí, orientadas a media que coinciden con la disposición de los caminos que cruzan el pueblo en dirección noroeste-sureste, calle Larga y Calleja, creando un entramado de callejas estrechas y espacios entre hileras, constituyendo así un estupendo ejemplo de la aldea montañesa compacta.

El tipo de casa más característico en la aldea responde al modelo de Casa Montañesa, de hábitat rural. En ellas los muros medianeros sobresalen en la primera planta a partir de ménsulas en “S” para cobijar la solana, introducida en el siglo XVII con la llegada del maíz por la necesidad de un espacio para secar el cereal. Todas las casas son las típicas de la zona, la mayoría de ellas construidas en época fernandina, con fachadas orientadas al mediodía o al Oriente, flanqueadas por cortavientos y de dos pisos, el inferior con portalada y el superior con las balconadas típicas. Son de mampostería, aunque los esquinales y vanos son de sillería y el interior de madera.

Ante tanta belleza, son casi las 4,00 de la tarde y el cuerpo nos pide lo que la vista no nos puede dar. Todo los restaurantes llenos, menos mal que decidimos hacer reserva en uno de ellos. ¿Reserva? ¡Una hora esperando la tan ansiada mesa! (afortunadamente, con el paso del tiempo todo llega). La espera bien mereció la pena, Restaurante La Solana.

Restaurante de sabor tradicional, un referente en el que no falta el cocido montañés hecho lentamente al fuego y la carne de caza como el venao o el jabalí, estofados normalmente.

Lugar muy acogedor, tanto en el ambiente creado entre sus paredes de piedra como en el personal de servicio, acostumbrado a la “bulla con apetito”. El local tiene tres comedores, dos interiores de grandes dimensiones y una estupenda terraza en planta primera con unas vistas increíbles a las viejas calles empedradas, si además te llueve un poco (chiribiri) mientras almuerzas, poco mas se puede pedir.

Dispone de una carta amplia y variada con lo más representativo del valle, además nos ofrecen menús por 15 €, uno del día y otro especial con platos de la carta donde destacan los platos de puchero como el cocido montañés o la fabada con chorizo (de la cazuela te puedes echar cuantos platos quieras, eso sí, no se puede compartir con el otro comensal). Ojo, hay que dejar lugar para el segundo plato, y en los segundos el clásico es el lechazo al horno con patata panadera y cebolla, o el solomillo de vaca Tudanca. Si lo deseamos también hay platos habituales con productos de excelente calidad como los chipirones. El postre le sigue a igual altura gastronómica.

Cocina innovadora con base cántabra que te sorprende por sus sabores, su textura y su presentación. Creo que tardaré tiempo en olvidarte, por tu cocina, complicidades en la mesa y risas provocadas. Ahora, para bajar tal manjar, toca andar un poco.

Es obligada visita la Iglesia de Santa María del siglo XVII (con interesante retablo barroco del siglo XVIII), las antiguas Casas Rectorales, las Casonas Montañesas de factura popular, con amplias solanas y soportales abiertos por arquerías de sillería, o las hileras de casas de dos plantas, con soportal, solana y cerramientos de madera, que constituyen la esencia más representada del modelo de poblamiento montañés.

Sus soportales de piedra y sus balconadas de madera llenas de flores nos recuerdan a cada paso que estamos rodeados de montañas en el corazón de la reserva del Saja (Cantabria). Un entorno que por impresionante que parezca no ha sido menos duro para los habitantes autóctonos, que debieron adaptarse a la crudeza del clima de montaña. Los grandes aleros de los tejados nos dan idea de cuánto puede nevar en invierno, y sus balconadas orientadas al sur de lo importante que es aprovechar el calor del sol.

La vuelta se convierte en el camino inverso del que hubiera sido la otra opción de llegar a Bárcena Mayor, desde Fresneda por la CA-280, dirección Cabezón de la Sal.

Una vez cruzadas Fresnada y Valle, segundo lugar de paso recomendado, Carmona por CA-182.

La localidad de Carmona (la de Cantabria) es un núcleo de población, perteneciente al Ayuntamiento de Cabuérniga, distante 11 kilómetros de la capital del municipio. Situada en aguas vertientes al Río Nansa, es un pueblo declarado Conjunto Histórico Artístico, donde también queda perfectamente reflejada la arquitectura típica de las casonas montañesas.

Destaca el Palacio de los Díaz Cossio y Mier, del siglo XVIII y actualmente Parador de Turismo. En las viviendas sobresale la rústica arquitectura, formadas por material de la zona, piedras y robustas maderas. El caso es que, es una población bonita y con arraigo singular, aunque menos turística. El inconveniente o problema para contemplar esta población con más admiración y asombro es el viajero que ya viene de visitar Bárcena Mayor.

Junto a la carretera, no muy lejos, saliendo de Carmona dirección Renedo de Cabuérniga o Cabezón de la Sal se encuentra el Mirador o Asomada del Ribero. Desde el mirador se puede apreciar Carmona y su entorno, destacando los Picos de Ozalba, la Sierra del Escudo de Cabuérniga y en días claros, Los Picos de Europa.

De nuevo en marcha, Cabezón de la Sal por CA-180, N-634, Puente San Miguel y sobre las 8 de la tarde llegada a destino, Santillana del Mar. Laura, una simpática joven nos recepciona en La Casa de Güela.

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