En planta sótano se adaptan espacios y ubican servicios como aljibes de agua sanitaria, contra incendios e instalaciones en general.
La planta baja se dedica íntegramente a zonas comunes, salón de clientes, y el primitivo comedor de la orden pasa a ser el restaurante para residentes y externos. La iglesia se adapta como sala plurifuncional; foro de reuniones, salón de celebraciones, cenas de gala, recitales,…, el salón contiguo a la iglesia pasa a ser salón alquilable, desde portería de Santa Paula se deja la entrada existente y la antigua portería se convierte en oficio. El claustro se deja como zona de estar al aire libre, sin cierre de galerías ni cubrición con claraboya. El oficio previsto junto al presbiterio, en lo que fueron la sacristía y la portería del antiguo convento, resuelve las necesidades del salón de la iglesia y el claustro.
En la planta primera, naves norte y este, las dos más próximas a Gran Vía, se ubican habitaciones, mientras que el coro de la iglesia se convierte en salón alquilable para reuniones, video presentación y otros eventos similares.
Los salones para reuniones, eventos comerciales, etc., son dotados de todo tipo de comodidades y la más moderna tecnología.
Se ha previsto una habitación doble con salón en el ángulo sureste, la llamada “habitación del Obispo”, otro de los espacios interesantes del complejo, convertido en suite. No se sabe con exactitud cuántos cargos religiosos pudieron ocuparla a lo largo de los siglos, aunque probablemente fuera construida para el fundador del convento, el abad de Santa Fe, D. Jerónimo de Madrid. La estancia, conserva intacta buena parte de su antigua fisonomía. Una decoración arquitectónica fingida en yeso e incrustada en la pared, una celosía de madera desde donde el obispo seguía los rezos del presbiterio o un rico artesonado son algunos de los detalles que el tiempo ha respetado y los restauradores se han encargado de de acondicionar.
Se prevé distribuidor, de gran importancia, ya que conecta ambas plantas del convento con las correspondientes del nuevo edificio de Gran Vía, en donde se han situado ascensores, y escaleras de clientes y servicios, así como las redes horizontales y verticales de instalaciones.

En planta segunda, sólo hay dos de las cuatro alas perimetrales al claustro, la norte y al este, que son las dos más próximas a la Gran Vía de Colón. Se dedican a habitaciones, los arcos que se abren al claustro se cierran con carpintería, manteniendo por delante las piezas de yeso existentes.
El hotel cuenta con un total de 15 habitaciones en la zona de convento, cada una personalizada, con encanto y decoraciones diferentes.
Frente las humedades por capilaridad, en paredes y muros, se opta por una solución de electroósmosis, instalando electrodo continuo en las paredes a la altura de la barrera de estanqueidad.
Las divisiones interiores entre habitaciones, pasillos y demás dependencias se ejecutan con placas de cartón-yeso.
Las cubiertas inclinadas se ejecutan con la misma teja existente en la zona, teja morisca, retejando algunas zonas con tejas recuperadas y acudiendo a la teja de derribo para proveer la falta de teja vieja morisca.
Por razones de protección contra incendios y accesibilidad para discapacitados, se eliminan y adaptan todos los peldaños intermedios, rellanos y desniveles existentes.
A raíz de la rehabilitación del edificio, catalogado en su conjunto como patrimonio nacional, la Dirección General de Patrimonio recomienda a las autoridades locales que reubiquen las lápidas en el claustro, para que pudieran estar a la vista de clientes y visitantes. Las tumbas no se encontraban originalmente en el patio, donde actualmente están, sino en los bajos de las galerías del claustro o la cripta del convento, cuyos bajos han sido reconvertidos en una sofisticada sauna y baño turco.
Trabajando codo con codo, la empresa granadina de restauración «Tarma» ha recuperado los elementos claves del monumento: columnas, arcos, artesonados, con el objetivo de integrarlos en el nuevo diseño del edificio. Quizás la tarea de mayor complejidad ha sido la reparación de las pinturas murales del conjunto: frescos, pinturas al temple y oleos como el situado debajo del coro, todos de distinta calidad y época, desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX, incluso algunos diseñados por la minuciosa mano de una monja.
Los técnicos recuperan buena parte de la decoración mural de capilla, correspondiente a finales del siglo XIX o principios del XX.
En el segundo cuerpo del claustro se han recuperado ocho capillas que las más privilegiadas, porque su posesión, dimensiones o las riquezas de la decoración dependían de la dote con la que hubieran ingresado en la Orden, dedicaban sus cultos. La mayoría de estos altares están pintados con temas religiosos, pero entre todos, hay uno que acapara la atención, la dueña fue una hermana que dio rienda suelta a sus pensamientos más íntimos y decoró su oratorio privado con papel pintado, lleno de motivos románticos.
GALERÍA FOTOGRÁFICA ESTADO ACABADO
GALERÍA FOTOGRÁFICA DURANTE LA EJECUCIÓN DE LAS OBRAS