En Chipiona no todo es “chancletazo” y casas alquiladas con largos pasillos o pasajes, tampoco todo gira en torno a Virgen de Regla, aunque para entender esta villa, evidentemente, tiene su vital importancia.
Chipiona es un bello pueblo de la costa atlántica, ubicado en la provincia de Cádiz, entre las poblaciones de Rota y Sanlúcar de Barrameda, con una extensión superficial en torno a 32,92 km2 y distante a 60 km de su capital.
Según los geógrafos Estrabón y Pomponio Mela, en la antigüedad existía un faro en la desembocadura del río Betis que recibe el nombre de Turris Caepionis, probablemente por haber sido construido a instancias del Cónsul romano Quintus Servilius Caepion o alguno de sus descendientes en el año 140 a. C.
La torre cumplía la función de aviso de un lugar peligroso para la navegación, y también marca la desembocadura de un río navegable. De gran importancia el nombre de este faro ya que conlleva el origen del nombre de Chipiona: de Turris Caepionis / Caepionis / Chipiona.
Esta zona se identifica con el área donde se levanta la legendaria “Ars Gerionis”, tumba de Gerión, la cual se situaba al final de un estrecho cabo que se adentra en el mar. Probablemente en lo que hoy es un arrecife conocido con el nombre de la Piedra de Salmedina, bajo de Salmedina o simplemente Salmedina.
La leyenda relata que los discípulos de San Agustín en África, huyendo de la invasión de los vándalos, llegaron por mar a Chipiona con la imagen de la Virgen de Regla. De época visigoda, se han encontrado lápidas en las inmediaciones del Santuario de la Virgen de Regla. Tras la islamización de la Península Ibérica a partir del año 711, siguiendo la tradición, los ermitaños ocultan la imagen en un aljibe a unos treinta pasos de la fortaleza, hoy monasterio. La imagen permanece oculta hasta que un religioso de la orden de San Agustín la encuentra en el siglo XIV, tras a una revelación del cielo. Sobre tal aljibe se construye el conocido como Humilladero de la Virgen de Regla.
En el año 1251, Chipiona es reconquistada por el rey Fernando III “El Santo”, volviéndose a conquistar definitivamente en 1264 por su hijo Alfonso X “El Sabio”. En 1297, el rey Fernando IV concede a D. Alfonso Pérez de Guzmán “Guzmán el Bueno”, fundador de la Casa de Medina Sidonia, el Señorío de Sanlúcar, del que Chipiona formaba parte.
En 1303, la hija mayor de Guzmán el Bueno, Dña. Isabel Pérez de Guzmán y Coronel, contrae matrimonio con D. Fernando Ponce de León y Meneces, recibiendo como dote matrimonial las villas de Rota y Chipiona, independizándose ambas del Señorío de Sanlúcar e incorporándose a las posesiones de la familia Ponce de León, germen de la Casa de Arcos.
En 1755, Chipiona es duramente castigada por el maremoto que provoca en la costa atlántica andaluza y portuguesa, el Terremoto de Lisboa.
Conocedor de esta breve reseña histórica me dispongo a realizar visita a este singular y particular pueblo de la costa andaluza. La entrada y primera parada se organiza en torno a la zona más poblada del municipio, su casco antiguo.
En Plaza de Juan Carlos I, la Parroquia Nuestra Señora de la O es erigida al más puro estilo gótico del siglo XVI, ya que el primer dato sobre la autoría del templo se refiere al año 1533. Anteriormente se presume que fué mezquita árabe y que por debajo de ella, existen restos de la anterior iglesia.
En 1.753 la antigua parroquia constaba de tres naves, una de ellas denominada la de la epístola, que debió de estar descubierta durante largo período. Esta última era terriza, sin solar, y sirve para las sepulturas de los fieles ya que por aquel entonces no existe cementerio.
De esta primera etapa se conserva la distribución espacial, el ábside, tres naves separadas por pilares y la portada lateral del muro de la epístola realizada en piedra y que sigue los preceptos del estilo gótico: consta de un arco apuntado, ojival, vano dintelado y tímpano apuntado con decoración de rosetas, incluso un óculo central con el anagrama de María.
En el año 1.792 comienzan las obras de la parroquia actual. La presente estructura procede de las reformas realizadas a finales del siglo XVIII, se abandona el decorativismo para volver a líneas más clásicas. Las obras son dirigidas por el arquitecto sevillano Fernando Rosales y Agustín Trujillo, maestros mayores de albañilería y carpintería del arzobispado. El director a pie de obra es José Ruiz y los fondos para la reconstrucción son otorgados por la propia parroquia y por el arzobispado.
La capilla mayor es la misma que existe en la parroquia primitiva, al igual que la portada lateral, del mismo estilo gótico del siglo XVI.
Las reformas esenciales afectan al presbiterio con la colocación de la tribuna para el órgano y el coro, además de adelantar las gradas del altar mayor al primer tramo de la nave del evangelio, liberado de la capilla bautismal construyéndose un anexo exterior con entrada desde el mismo tramo. Al cubrimiento de las naves laterales y de los baquetones o semicolumnas de los muros laterales. Y sobre todo, a la ornamentación exterior de la iglesia.
A esta época pertenece la fachada principal, ubicada a los pies de la iglesia. Esta fachada, presenta una superposición de volúmenes que refleja la disposición interior del edificio, compuesto por tres naves. En primer lugar, aparece el cuerpo de la torre, que se encuentra adosado a los pies de la nave del evangelio y adelantado a la línea de fachada. A continuación, la fachada en sí, y levemente retranqueado, el cuerpo de la nave de la epístola.
La nueva parroquia es bendecida por el párroco de la villa el 14 de enero de 1797. A partir de esta fecha las obras que se realizan en el templo se refieren a mantenimiento y ornato. Así, en 1884, se enlosa de nuevo la iglesia, en 1914 se colocan las losetas blancas y negras en la sacristía y el archivo y en 1917 se coloca el zócalo de azulejería que circunda la iglesia, todo el templo y el sagrario.
Las últimas actualizaciones corresponden al año 1979 en el que se interviene en la parte exterior del templo: los tejados, techumbre, campanario, torre, puertas, buhardillas, pináculos, fachada principal y laterales.
Una de las calles que rodea la parroquia es la calle Fray Baldomero González, en el nº 3, se sitúa el Hostal Gran Capitán. A solo 150 metros de la playa Cruz del Mar y a un paseo de unos 10 minutos del Faro de Chipiona.
El Gran Capitán Guest House es un edificio típico andaluz, de diseño rondeño según cuenta su simpática administradora. Dispone de una recepción abierta las 24 horas y conexión Wi-Fi gratuita.
Las habitaciones, pasillos y galerías se asoman a un acogedor patio central, casi un claustro, con un árbol de damascos y grandes macetones. El más sencillo y particular locus amoenus.
En la azotea, un solárium, con excelentes panorámicas hacia el pueblo de Chipiona y en especial con vistas a El Faro y la Parroquia Nuestra Señora de la O.
Sus habitaciones y zonas comunes están revestidas con suelos de baldosas en barro, ofrece numerosos rincones al aire libre, con mesas, sillas y escritorios, facilitando así, la lectura o agradables tertulias entre sus residentes. Todas las habitaciones disponen de aire acondicionado, baño privado y TV.
No fué convento, no hubo clausura, es un hostal de 18 habitaciones, que al igual que sus zonas comunes están decoradas con antiguos muebles recuperados para tan singular edificio. Una casa con encanto, situada en pleno centro, con numerosos bares y restaurantes en las calles de los alrededores.
Calles con tiestos de geranios y gitanillas. Pueblo florido donde no hay rincón sin una maceta o cuenco de barro donde ha agarrado una mata de claveles o una exuberante buganvilla.
A escasos metros, la calle peatonal Isaac Peral, por sus comercios y gentío, es conocida popularmente como “la calle Sierpes de Chipiona”.
Ya en el paseo Cruz del Mar y con unos orígenes confusos, el Castillo de Chipiona. Hay quien data la presencia de un edificio defensivo primitivo de época musulmana, situado cerca del emplazamiento del castillo actual, sin embargo, no hay manera de certificar esta hipótesis.
Tras la entrega en 1297 del Señorío de Sanlúcar a D. Alfonso Pérez de Guzmán, un nuevo castillo es construido por los Señores de Sanlúcar para servir como primera línea de defensa ante los ataques piratas procedentes de Berbería.
La fortaleza pasa a manos de la familia aristocrática Ponce de León con la boda en 1303 de Dña. Isabel Pérez de Guzmán con D. Fernando Ponce de León, formando el Castillo de Chipiona parte del término municipal de la villa. No obstante, hay desacuerdos acerca de la edificación que las crónicas de la Casa de Medina Sidonia menciona, ya que algunos asocian dicho relato a la ermita fortificada que ocupaba el lugar donde actualmente se asienta el Santuario de Regla. Así, el edificio calificado como castillo sería del siglo XV y por tanto no fue mandado a construir por Guzmán el Bueno. El castillo original tendría reducidas dimensiones, escasos vanos y una sola planta.
Durante la Edad Moderna desempeña funciones defensivas y de vigilancia para entorpecer las operaciones de los corsarios ingleses y holandeses que asolaban el Mediterráneo en los siglos XVI y XVII, instalándose una batería costera en sus inmediaciones. El castillo es reformado varias veces hasta el año 1651, última vez de la que se tienen registros sobre la presencia de una guarnición en la fortaleza. Paralelamente a su papel defensivo, se emplea como residencia del párroco local a principios del S. XVII y como cárcel en el siglo XVIII. En el año 1772, el castillo ya carece de guarnición militar para contrarrestar ataques marítimos. Un siglo después, se le da uso como puesto provisional de la Guardia Civil, mientras que el cuartelillo de Trebujena es trasladado a otro edificio en el mismo pueblo.
En 1887, el castillo es adquirido por una inversora privada que lo rehabilita para transformarlo en hotel, el cual permanece en funcionamiento a intervalos entre 1890 y 1922, y desde 1927 hasta el año 1989.
Los primeros clientes del hotel son turistas de la alta burguesía, interesados en la talasoterapia basada en el yodo, presente en gran concentración en las aguas marinas de Chipiona. Durante el siglo XIX el municipio se convierte en un importante enclave turístico para las clases adineradas, teniendo su antecedente más notable en los Duques de Montpensier, que hacen de este una localidad de veraneo y balneario para la aristocracia.
Entre 1922 y 1927, este edificio sirve como residencia a D. Carlos de Borbón y a Dña. Luisa de Orleáns, miembros de la Familia Real española. Por este motivo, en el año 1922, el hotel-castillo es sometido a una importante reforma por valor de 1.372,95 pesetas, siendo la principal obra la subida de cubiertas.
A lo largo de la historia, ha sufrido modificaciones que han ido alterando su aspecto original, a la primera fase corresponden las transformaciones más drásticas realizadas al edificio, ampliando su planta, fraccionando su interior e incorporando una torre.
El Castillo es declarado como Bien de Interés Cultural en el año 1985, sin embargo cuatro años más tarde, en 1989, el establecimiento cierra definitivamente sus puertas, quedando abandonado durante once años.
A finales del año 2000 es expropiado por el Excmo. Ayuntamiento de Chipiona. Convertido en museo, una vez acabado el proceso de restauración, es inaugurado el 30 de abril de 2009. A comienzos de 2016 alberga un Centro de Interpretación Turístico dedicado a la celebración de eventos culturales y la relación histórica entre Cádiz y el Nuevo Mundo.
A 700 metros, unos 8 minutos andando por la costa, el Faro de Chipiona. Es el monumento más emblemático del municipio y está situado en la llamada Punta del Perro. De primer orden, es el faro más alto de España, tercero de Europa y quinto del mundo. Con 322 escalones, su altura desde la base, sobre el terreno, es de aproximadamente 69 metros.
Se construye para evitar que los barcos tengan problemas al acceder al río y choquen con Piedra Salmedina. Señala la entrada al estuario del río Guadalquivir, único río navegable de España. También es aprovechado como baliza por los aviones ya que es uno de los 20 faros aeromarítimos de España.
Un primer proyecto es ideado en 1857 por el arquitecto e ingeniero Eduardo Saavedra y Moragas. El proyecto final, la obra actual, es aprobada en 1862 por el Jaime Font y Escolá, ingeniero del por entonces Ministerio de Puertos y Canales, atendiendo así el crecimiento del tráfico marítimo hacia Sevilla.
La primera piedra se coloca el 30 de abril de 1863, se realiza la recepción provisional de la obra el 28 de noviembre de 1867, se enciende por primera vez el 28 de noviembre de ese mismo año y se hace recepción de forma definitiva el 21 de junio de 1869 con un coste total de las obras de 469.323,937 escudos de oro.
Basado en una torre ligeramente troncocónica, recuerda las columnas conmemorativas romanas. Los elementos utilizados en su construcción son sillería de arenisca y piedra ostionera. En 1999 se cambia la linterna aeromarítima por una lámpara halógena con alcance de 30 millas náuticas y proyectando tres haces luminosos a 120º que dan una revolución completa cada treinta segundos, por lo que en la distancia se ven como destellos cada diez segundos.
Desde su inauguración en 1869 sólo ha permanecido apagado en dos ocasiones: la primera en 1898, con motivo de la guerra contra EEUU por la independencia de Cuba, los faros de la provincia de Cádiz se apagaron por miedo a una invasión. La segunda, en 1936, con motivo de la Guerra Civil, permaneciendo apagado casi tres años.
La gestión y propiedad del mismo no corresponde a Chipiona ni al puerto de la bahía de Cádiz y si a la Autoridad Portuaria de Sevilla, organismo público responsable de la gestión del Puerto de Sevilla (de titularidad estatal) y de la Eurovía Guadalquivir.
Hay vestigios de faros en la antigüedad, siendo el del año 140 a. C, comparado con el mítico Faro de Alejandría.
Desde el Faro, por el Paseo de las Canteras, volvemos a la zona del pueblo junto al Castillo. Las balaustradas de obra entorpecen la visión del mar y entre los corrales, todo un monumento natural, es fácil encontrar un mariscador rezagado o un padre que participa de la aventura de su hijo: capturar un cangrejo, peces o cualquier molusco en movimiento que huye o se camufla para salvar su vida.
En bajamar, junto a la playa de Las Canteras, se puede ver que el fondo marino está como dividido por paredes ejecutadas de piedra y algas. Da la impresión de que hay huertos submarinos que se han quedado al descubierto al retirarse el agua durante unas horas. Se trata de los corrales de pesca, un modo de explotación del mar que tiene sus orígenes hace muchos siglos, aunque no se asegura si lo crearon los romanos o los árabes.
Hoy en día, quedan nueve corrales de pesca en diferentes playas de Chipiona, perfectamente visibles con marea baja y también cuando sube el nivel del mar y quedan sumergidos, si bien en ese caso se ve sobre todo su contorno y sus subdivisiones. Junto al Castillo, hay cuatro corrales urbanos: el más cercano es el Trapillo, luego le sigue el Cabito y el Nuevo hacia el Faro, junto al puerto el Longuera.
A principios de los 90, con fondos destinados a la promoción de la Expo 92 de Sevilla, se lleva a cabo la construcción del Puerto Deportivo, situado junto a la desembocadura del Guadalquivir. En 2008 es sometido a un importante proceso de ampliación.
En 1970 se crea la primera cooperativa de pescadores, que cuenta con 16 embarcaciones pequeñas. Ya en 1983 hay 45 embarcaciones de madera y 6 de ellas con un peso de diez toneladas, teniendo el resto entre una y tres toneladas.
El punto de encuentro entre el final de la calle Isaac Peral y el paseo marítimo que une el puerto y el castillo nos ubica frente a la Cruz del Mar. Una inscripción recuerda el milagro de que las olas del maremoto de 1755 respetasen el lugar y una marca indica el nivel que alcanzaron las aguas. Siempre hay gaviotas en la Playa Cruz del Mar, muchas gaviotas en la también conocida como Playa del Muelle. Los dueños y clientes de algunos bares les arrojan restos de comida, ellas riñen sobre la arena de la playa con un alboroto ensordecedor. A diario, ancianos, chipioneros y turistas las contemplan casi hipnotizados.
La tarde nos deja y llega la noche, la primera parada nos da para degustar un chato de vino en el Museo del Moscatel, inaugurado el año 2012 y situado en la Cooperativa Católico Agrícola. En Avenida de Sevilla, cena concertada en Bar restaurante El Faro, con una decoración moderna y elegante, y una agradable terraza en el exterior. Para rematar la velada, un breve paseo nocturno junto al mar.
El día siguiente nos sitúa en el Santuario de Nuestra Señora de Regla. El edificio actual data de principios del siglo XX, construido por la comunidad de misioneros franciscanos, con la ayuda de los Duques de Montpensier. El prestigio y extendida devoción que goza este santuario está basado en la antigüedad de la imagen de la Virgen que en él se venera.
Tiene su origen en una antigua fortaleza del siglo XIV edificada por Alfonso Pérez de Guzmán. Siendo propiedad del castillo la familia Ponce de León, Señores de Chipiona, lo donan en 1399 a los ermitaños de San Agustín para convertirlo en iglesia y dar así culto a la Virgen. Se funda el antiguo convento de San Agustín.
Para su adaptación, cuenta con los favores de los Ponce de León, señores de Rota y Chipiona y los Pérez de Guzmán, señores de Sanlúcar. Además, se ofrecen indulgencias para aquellos que visitasen y ofreciesen limosnas al santuario, con las que se sufragaron las nuevas obras.
El monasterio se ensancha en torno a dos patios, el llamado del Real y el Conventual, este último conocido como el Patio Mudéjar, y joya del Santuario. Destaca el aljibe de 1460 y el ajimez o ventana con parteluz, que podría ser mozárabe.
El edificio sufre múltiples modificaciones a lo largo de los siglos para adaptarlo a sus usos religiosos, pero manteniendo siempre su imagen de fortaleza. Durante los siglos XVI y XVII, para hospedar a peregrinos, se construye un patio en la fachada abierta al arenal y se habilitan caballerizas para los animales.
El siglo XVII supuso la edad de oro del santuario, el culto a la Virgen de Regla cruza fronteras por tierra y mar y se construye en 1663 el Humilladero. En el último cuarto del XVIII el monasterio sufre una remodelación que afecta a la construcción del piso superior del claustro y a la escalera principal. A principios del siglo XIX, en 1808, debido a la invasión francesa los religiosos tienen que abandonar el Santuario.
El 17 de octubre del 1835, por el decreto general de Mendizábal, mediante el que se suprimían los monasterios y casas de religiosos, y teniendo lugar la “Exclaustración de las órdenes religiosas”, los monjes Agustinos, que tenían residencia en el Monasterio de Nuestra Señora de Regla, se dispersaron por los pueblos y ciudades, obligados a dejar este lugar para siempre. El expolio y abandono que sufre el Santuario hizo que trasladaran la imagen de la Virgen de Regla a la parroquia. La Desamortización de Mendizábal (1835-1852), da lugar a la perdida y desaparición de documentos, ornamentos, campanas, solería de mármol y distintos objetos de valor.
En 1851, D. Antonio María de Orleans y Dña. Luisa Fernanda de Borbón,Duques de Montpensier, que habían establecido su residencia veraniega en la vecina localidad de Sanlúcar de Barrameda, hicieron una visita a Chipiona donde tuvieron conocimiento de la historia de la Virgen de Regla y las calamidades sufridas al monasterio. Una vez conocida se propusieron restaurar la antigua iglesia y devolver la imagen a su lugar.
El 7 de septiembre del 1852, tras 17 años, la talla de la virgen es devuelta al santuario. Se nombra capellán al Padre Castro, ermitaño agustino, abriéndose una nueva etapa en el santuario hasta la llegada de los franciscanos.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la Orden de San Francisco intenta revitalizar sus misiones y restaurar provincias y conventos extinguidos. En 1882, el Estado cede el santuario al Padre Lerchundi, permitiéndole el establecimiento de un colegio de misioneros para Marruecos y Tierra Santa en el mismo edificio.
Desde que la comunidad de monjes franciscanos se hace cargo, la devoción popular hacia la Virgen cobra un auge sin precedentes.
El proyecto de construcción de un nuevo templo, espacioso para el auge que había experimentado el culto, era una idea que barajaban los franciscanos desde poco después del regreso de la Virgen de Regla. En 1899 pasa a la voz popular, cuando en la fiesta de la Virgen el predicador lanza desde el púlpito la idea de levantar un nuevo templo.
El 17 de mayo de 1904, se aprueba el derribo del antiguo templo y en el mismo año se procede a la construcción del nuevo, gracias a los donativos de las ciudades y pueblos de la región. Se coloca la primera piedra del templo actual el 30 de octubre de 1904. La obra se realiza en sólo dos años y se inaugura, sin la torre, el 14 de enero de 1906.
La torre del cuerpo principal que se finaliza en 1909. De 1942 data la construcción del Seminario y de 1947 la renovación del Humilladero.
El Santuario de Regla, también conocido como Monasterio, es de estilo neogótico, las trazas se deben a Fray José Rodríguez y al arquitecto Antonio Arévalo. Se trata de un anacronismo por las fechas de construcción, pues este estilo obtiene máximo esplendor en Europa entre 1830 y 1875 y es sustituido en muchas regiones por el Modernismo. Sin embargo, para la Orden Franciscana debió parecerle más en concordancia su espíritu religioso.
Esto suponía la renovación de los principios del gótico y lo que ello conlleva: cierto carácter romántico y, sobre todo, una vuelta a la fe y espiritualidad medieval perfectamente representadas en ese estilo con el predominio de la verticalidad. Supone también una corriente histórica surgida como alternativa al neoclasicismo, especialmente en edificios religiosos.
Como características de este neogótico aplicables al Santuario de Regla sobresalen: los intentos de fusionar la belleza formal con la lógica constructiva, un aire noble y transparente aún a riesgo de perder fuerza creadora, la imitación de elementos arquitectónicos y decorativos, en ocasiones sin necesidad estructural y admiración por los elementos compositivos y ornamentales: el arco ojival o apuntado en puertas y ventanas, gablete central, tracerías, nervaduras, rosetones, contrafuertes con pináculos y agujas, detalles y formas de construir de inconfundible sello gótico.
De sus fachadas sobresale la sureste, fachada principal, correspondiente a los pies del templo, en ella destaca su imponente portada formada por tres calles verticales. Además de estas calles, la componen también dos cuerpos horizontales. La portada está diseñada con dos pilastras y una cornisa enmarcando el vano de medio punto que sirve de ingreso. Sobre ésta, la inscripción de «Año 1889» y el escudo franciscano. Destaca airosa la torre campanario con campanas entre vanos apuntados y remate piramidal calado. En fachadas laterales sobresalen los contrafuertes y sus pináculos entre las nueve ventanas geminadas abiertas sobre las naves. El ábside repite el mismo esquema arquitectónico de macizos y vanos y la austeridad ornamental del resto.
En su interior, se observa que se trata de un templo de tres naves, con la central más ancha y alta que las dos laterales. En su alzado destacan los pilares fasciculados que soportan los nervios de las bóvedas de crucería en las tres naves. El presbiterio, con dieciséis metros de largo y catorce metros de ancho, se cubre con bóveda sexpartita mediante cuatro arquillos apuntados que comunican ésta con las tribunas colocadas sobre las naves laterales aprovechando las diferentes alturas entre ambas.
Todo el espacio interior de la iglesia se encuentra compartimentado en tramos, ocupando los dos traseros la entrada por los pies y el coro alto. La estructura del retablo es la misma que la de la entrada principal. Los techos son pintados con finas líneas lisas, a modo de llagas, con el objeto de aparentar grandes bloques de sillares. Las vidrieras repartidas por todo el santuario son de mediados del siglo XX y representan imágenes marianas bajo distintas advocaciones. Es destacable el Claustro mudéjar del S. XV, conocido actualmente como patio de los Plátanos.
Estamos anclados en el Paseo Costa de la Luz y en su playa más turística, Playa de Regla. Aprovechamos lo que queda de jornada disfrutando de sus aguas y de su climatología.
Desde esta humilde página, quiero agradecer al Excmo. Ayuntamiento de Chipiona el cuidado a quién más lo necesita: Playa de Regla cuenta con diversos puntos de servicios de socorrismo y salvamento, aseos, sillas Amphi-Buggy, vehículos NOVAF, punto de información, megafonía, siete rampas de acceso y tres aseos completos para personas con movilidad reducida (zonas del Monumento de la Luz, el Humilladero y del Cristo de la Sentencia). Esta localidad ofrece un amplio horario de servicio de baños para discapacitados, gestionado por Protección Civil, así como un área de descanso específica. Cerca de los accesos a la playa, cuenta además, con numerosas plazas de aparcamiento reservadas a personas con alguna discapacidad.
Si nos pide el cuerpo un aperitivo, en Avenida de Jerez, encontramos el Salaito, igual hay que pedir número y ser paciente, pero merece la pena.
Cae la tarde y sin moverse de sombrilla, se oyen voces que anuncian la llegada del carrito de los dulces y el carrito del café, a partir de aquí cada uno decide: ya conocéis la expresión aquella de que “un día es un día”.
Ya solo queda unas horas para que anochezca, sin embargo, obligado es contemplar como el gran sol se pierde en lo mas profundo del mar viendo uno de los atardeceres mas bonitos que se recuerde.


