Historia Monasterio de Santa Paula

Esta es la historia, que tiene como testigo a una de las ciudades más bellas de Andalucía, de España, del mundo,…, se trata de Granada, “la ciudad conventual”, la llamada “Christianópolis”, la de la trama urbana pintoresca y particular, la del antiguo Monasterio de Santa Paula.

SantaPaula (1)Santa Paula viene del nombre de la fundadora de la Orden Santa Paula, una patricia romana, que al enviudar conoce a San Jerónimo y los dos se establecen en Belén donde fundan un convento masculino y otro femenino, año 386. La organización actual de la orden procede del siglo XIV, 15 de octubre de 1373.

El monasterio de Santa Paula, de religiosas de la Orden de San Jerónimo, es erigido para fomentar la cristianización de esta área urbana, próxima a la calle Elvira islámica.

A principios del siglo XVI D. Jerónimo de Madrid, abad de Santa Fe y dignidad de la Catedral granadina, amigo además de Fray Hernando de Talavera y del humanista Pedro Mártir de Anglería, comienza la construcción del edificio primitivo del monasterio, con el deseo de fundar un convento de monjas jerónimas. Accede a su petición, el 29 de agosto de 1531, el arzobispo de Granada D. Gaspar de Ávalos, le da el nombre de monasterio de Santa Paula, convirtiéndose en el noveno convento que se funda en la ciudad.

Dos años después D. Jerónimo de Madrid fallece, según su lapida el 23 de mayo de 1533, donando sus bienes y rentas para el mantenimiento de la fundación, con el deseo de que sea aceptado por la orden jerónima. Deja, además, renta para dotes de veinte monjas pobres.

Tras la muerte de D. Jerónimo, se ofrecen a continuar financiando las obras dos vecinos de la ciudad D. Antonio de Vallejo, caballero de Granada y rico hacendado granadino, y su esposa Dña. Leonor de Alcaraz.

Giuseppe Frascheri Pinacoteca Savona

El monasterio acaba de labrarse en 1540 y solventadas las dificultades económicas, D. Pedro Gumiel y D. Antonio de Vallejo se desplazan a san Bartolomé de Lupiana, donde se celebra el Capítulo General de la Orden Jerónima, para que admitieran el convento. Un año más tarde, 1541, vuelven con la misma súplica a fray Rodrigo de Zafra, prior profeso de Zamora y General de la Orden, que les asegura la aceptación. Esta es concedida oficialmente en el Capítulo General celebrado el 19 de abril de 1543, el 23 de mayo, el monasterio de Santa Paula recibe las primeras monjas.

Años más tarde D. Antonio de Vallejo fallece y dota cuantiosamente a las monjas, dejando renta para dotes de diez monjas pobres.

D. Jerónimo y D. Antonio son enterrados en el presbiterio de la iglesia del monasterio, sus restos reposan bajo unas lápidas recuperadas a principios del siglo XXI.

En 1835 llegan las leyes liberales, una de las consecuencias sociales es la exclaustración de miles de religiosos, iniciada por el gobierno del Conde de Toreno, el cual aprueba la Real Orden de Exclaustración Eclesiástica de fecha 25 de julio, por la que se suprimen todos los conventos en los que no hay al menos doce religiosos profesos. Ya bajo el gobierno de Mendizábal se precisa, 11 de octubre, que sólo subsistan ocho monasterios en toda España. Finalmente, el 8 de marzo de 1836, aparece un nuevo decreto que suprime todos los conventos de religiosos, con algunas excepciones, como escolapios y hospitalarios, y un año después el 29 de julio de 1837 se dicta otro más, que hace lo propio con los conventos femeninos, salvo los de las hermanas de la caridad.

Las leyes de desamortización y exclaustración arrojaron de los monasterios a sus moradores y, en la Orden de San Jerónimo, fueron causa de la desaparición de la rama masculina, pues esta orden, fundada en España, nunca quiso salir de sus fronteras.

ClausuraLos monasterios de monjas no corrieron tan fatídica suerte, pero también sufrieron las exclaustraciones. El monasterio de Santa Paula no es una excepción, las jerónimas granadinas reciben el 5 de marzo de 1836 una comisión del Gobierno, acompañada de un capellán en representación del Arzobispo D. Blas Joaquín Álvarez de Palma, con la orden de hacer un inventario de los bienes muebles y de cerrar locutorio, torno y puertas. En la madrugada del día 12 del mismo mes, pese a una Real Orden que prohíbe reunir en un sólo convento religiosas de diferentes congregaciones, son trasladadas al convento de San Bernardo, vigilando estrechamente que no saquen más que sus efectos personales. Gracias a las gestiones de D. Francisco de Paula Cañaveral, hermano de la superiora, consiguen que se traslade a San Bernardo el órgano, algunos objetos de culto y obras de arte, que así se salvan del posterior saqueo y destrucción.

Hasta el 19 de marzo de 1838 no consiguen que se les devolviese las llaves del convento, lo logran por una gestión del general Narváez, primo de la hermana superiora.

No obstante, las dificultades continúan, pues no pueden admitir nuevas religiosas, prohibición que se levanta en 1852. A pesar de los diecinueve años en que no se han producido nuevos ingresos, en 1853 hay catorce religiosas, cinco novicias y cinco educandas.

La caída de Isabel II en 1868 está a punto de provocar una nueva exclaustración que finalmente no tiene lugar.

En 1879 hay treinta monjas en el convento, que en parte, se dedican a la educación de niñas internas en el propio convento, cantera de futuras vocaciones en muchos casos.

Panoramica 1900En 1890 las monjas tienen las primeras noticias oficiales sobre el proyecto de apertura de la Gran Vía de Colón, en este año reciben la visita del provisor del arzobispado D. Baltasar Branchat, acompañado de un representante de la empresa que apadrina el proyecto, promovido por el boticario D. Juan López Rubio y otros socios del comercio, accionistas de la compañía La Reformadora Granadina, se pretende unir, con una amplia calle, la zona de Reyes Católicos y la estación del tren. La calle, denominada Gran Vía de Colón, contempla veinte metros, con aceras, arboles, asientos y el tranvía.

Tras esta primera visita, en 1891, aprobado el proyecto y hechos los planos, entre ellos el del convento de Santa Paula, pues cogía esta calle la mayor parte del mismo, es entregado a la priora sor María de la Concepción Pérez Gutiérrez.

Las intenciones de la Reformadora Granadina afectan a una gran parte del convento y las monjas no parecen dispuestas a darlo. La pérdida del convento afecta a todo el ancho de la calle, veinte metros, más tres metros a cada lado de la nueva fachada que pretende la Reformadora.

José-Moreno-y-MazónEn 1898, sabedor de ello el arzobispo de Granada, D. José Moreno Mazón, manda al arquitecto diocesano, D. Juan Montserrat, que visite el monasterio y se informe de la opinión de la madre priora y de la comunidad, no habiendo acuerdo.

En 1899, el arzobispo da orden al provisor, D. José Bonel y Orbe, para la tasación, hecha en veinte y un mil duros. Se habla con el representante de la Reformadora Granadina y conviene, sin cerrar el contrato, en que por el solar y material de lo que hay que derribar para la calle y expropiación, la Reformadora debe levantar de nueva planta un bajo y dos altos hechos celdas, y que además dará mil duros a la comunidad para el pago de deudas. Pasados unos días, se redacta un borrador del contrato, en el que se conviene la edificación de veinte celdas presupuestadas en cuarenta y dos mil pesetas, sin dar nada a las monjas por el solar y materiales. La priora y las monjas aceptan el contrato.

El 14 de marzo de 1900 se da principio a derribar doce pequeñas casas, celdas y patios, jardines y lavadero, con una superficie total de dos mil metros cuadrados.

Panoramica 1930La nueva edificación tiene de fachada treinta y seis metros de largo, correspondiente a la actual Gran Vía de Colón, por cinco de ancho, quedándose la Reformadora Granadina con veinte metros cuadrado a derecha e izquierda, metros que la citada empresa ofrece vender a las monjas a diez duros el metro cuadrado pero que no se lo compran por falta de dinero.

Comienzan los cimientos el 15 de mayo, invirtiendo todo el material disponible y alguno nuevo, el 20 de enero de 1901 se termia la edificación, desde entonces y durante ochenta y seis años, las ventanas del convento en la Gran Vía, cerradas con celosías de madera, que la clausura imponía, son testigos mudos de la vida granadina.

Con la proclamación de la Segunda República, en 1931, las religiosas tienen que abandonar el monasterio en diversas ocasiones, repartiendo para su custodia los bienes muebles entre familiares y amigos.

El 12 de agosto de 1932 queman el convento, el incendio es sofocado por el vecindario pero hay que desalojarlo durante unos días. El 27 de noviembre siguiente una explosión arranca el portón de entrada.

Durante 1936 sufren las incertidumbres propias de los días que preceden a la guerra civil, estando continuamente preparadas a abandonar su monasterio.

JeronimasEn 1943 quedan cinco religiosas y tres legas, para evitar el cierre del convento por el escaso número de religiosas, el 19 de julio de ese mismo año vienen dos profesas del Corpus Christi de Madrid y así reabrir el noviciado, con ellas entran cinco postulantes.

En 1974 sólo quedan tres monjas y son acogidas en el monasterio de San Jerónimo, creado para hombres, también en el siglo XVI, y que un año antes, en 1973, es donado por el Estado a la orden jerónima.

En 1977, en un progresivo estado de ruina, la comunidad abandona definitivamente el monasterio de Santa Paula, trasladándose con todos sus bienes muebles a San Jerónimo.

Entre sus bienes un rico patrimonio musical y valiosas obras de arte de Alonso de Mena, Bocanegra, Guevara, Rueda y Risueño, entre otros.

Esta es la historia de una edificación que duró 446 años, ya que el 1 de junio de 1977, las viejas puertas del viejo convento de clausura cierran para siempre.

Este hecho y su privilegiado emplazamiento en el cetro de la ciudad actual, provocan una serie de presiones especulativas que son disminuidas, en parte, a la declaración del edificio como Monumento Histórico – Artístico por Real Decreto de 20 de Abril de 1983.

Tras sufrir numerosos expolios y deterioros, que afectan especialmente a la casa morisca, las autoridades competentes autorizan la transformación del conjunto en hotel, habiéndose iniciado las primeras obras de rehabilitación en el año 1991.

A principios del siglo XXI, se labra otra historia totalmente distinta, donde una empresa hotelera se decide por rehabilitar el espacio arquitectónico de un antiguo monasterio reconvertido, la del Palacio de Santa Paula.