Edificio Gran Vía siglo XIX

La transformación más drástica de la trama urbana del siglo XIX se produce a partir del año 1895, al destruirse el corazón de la antigua medina, debido a la apertura de la Gran Vía de Colón. La manzana fue atravesada por esta nueva avenida de veinte metros de anchura, las calles del Pozo de Santiago y del Postigo de la Inquisición desaparecieron, la del Marqués de Falces fue modificada, y algunas casas que pertenecían al monasterio tuvieron que ser derribadas.

Gran_Via_2La apertura de Gran Vía de Colón significa la amputación de parte de la propiedad del conjunto y posteriormente la construcción de un edificio con fachada hacia esta calle.

Entre 1900 y 1901 se lleva a cabo las obras, previamente, en 1891, quedan hechos los planos y aprobado el proyecto, realizado por D. Juan Montserrat y Vergés, arquitecto que ejecuta varias obras más en la misma vía.

La nueva edificación tiene de fachada treinta y seis metros de largo por cinco de ancho, consta de planta baja, más dos plantas superiores. Al estar la cota de Gran Vía de Colón entre dos metros y medio y tres metros por encima de la del resto del convento, aparece una planta adicional en sótano respecto a Gran Vía, y aproximadamente a nivel del convento.

El edificio contiene una sola crujía, paralela a la fachada a Gran Vía de Colón, doblada interiormente con una galería formada por arcos de obra, en medio punto. Esta traza se dobla en ambos extremos, para tapar la profundidad edificada de las fincas vecinas, en cualquier caso más altas.

El trazado de la nueva calle, girada unos 34 grados respecto a los muros del convento, hacen que este ultimo invada parte del volumen en el encuentro con el edificio de Gran Vía, provocando en su día, el desmochamiento de la esquina más próxima del convento.

Con esta disposición, aparecen entre el nuevo edificio y convento dos patios de servicio, de forma triangular, que llegan hasta el nivel del suelo del mismo.

La planta sótano consta de galerías y dependencias cubiertas con bóvedas, las cuales debían de ser almacenes, bodegas y otras dependencias similares. En el patio de la cocina se hace un aljibe circular de cuatro metros de profundidad por dos cincuenta de diámetros, así como otros servicios.

La planta baja, está destinada a locales comerciales con acceso desde la calle, no existiendo comunicación alguna entre esta y el resto del convento. Hasta su cierre definitivo, siempre ha tenido comercio en los bajos, el último de ellos una pequeña librería.

En las dos plantas superiores las celdas se alinean a lo largo de la galería interior y tienen fachada a la calle o, en el caso de las alas laterales, a sendos patios medianeros con las fincas vecinas.

Existe un total de veinte celdas, siendo cada una de ellas de cuatro metros cuadrados, divididas en dos habitaciones más una galería de un metro de ancho que pone en comunicación a todas las celdas.

SPGranviaCEPEn la fachada a Gran Vía de Colón se aprecia la planta baja con pilastras entre huecos en forma de arco muy rebajado. Las intervenciones posteriores de los inquilinos de los comercios enmascaran el estado original.

La fachada de las dos plantas superiores son planas, sin vuelos, balcones u otros elementos distintivos, con una disposición rítmica de huecos, regular y simétrica, trece por planta, participando de las características generales de los edificios de la calle. El centro está señalizado, uniendo los dos huecos centrales de cada planta en un conjunto específico. En el caso de la planta primera, este efecto está reforzado con una fornícula central que, probablemente, tuvo una imagen.

Estos huecos o ventanas están encintados con sencillas decoraciones o adornos neogóticos, en piedra, habituales en la arquitectura historicista, neo-castiza de la época, las cuales, en aquellos años, se fabricaban de una forma estandarizada.

La fachada se remata con un alero volado del propio tejado. Los bajantes, colocados sin relación al ritmo compositivo, pueden ser una reparación posterior.

Constructivamente, se compone de muros de carga de fábrica de ladrillo, revestidos con enfoscado que, hacia Gran Vía de Colón, está teñido en masa con ocre y que, en el interior está encalado. Los forjados son de madera, salvo en techo del sótano, suelo de planta baja, ejecutados con bóvedas de ladrillo. La cubierta es de teja. Quedan algunos restos de carpinterías, sencillas, y de madera esmaltada.

El estado de conservación es lamentable, parte de la cubierta se ha hundido y también hay otros tramos de forjado en mal estado. La entrada generalizada de agua afecta a los muros que, por otra parte, no están suficientemente arriostrados, de hecho, hay ciertos riesgos de ruina si no se toman medidas a corto plazo. El desprendimiento de un trozo de cornisa y de pequeños paños de revestimiento obliga a AC DOS GRANADA, S.L. a proteger la vía pública mediante un andamio y redes de protección.